María Emilia Salerni vivió momentos increíbles en su comienzos a nivel juvenil. Oriunda de la ciudad de Rafaela, tocó la cima del ranking mundial junior luego de una excelente temporada en el 2000, que culminó con dos títulos de Grand Slam en Wimbledon y US Open. También vivió momentos críticos, difíciles que le provocaron un prematuro retiro a sus 26 años, luego de 10 años en el circuito profesional. Pitu habló con Ventaja Tenis Radio sobre sus vivencias en La Catedral del tenis y su reencuentro con el deporte luego de muchas dificultades físicas.

¿Qué recuerdos tenés de tu consagración en Wimbledon a nivel junior?

Cada año que arranca Wimbledon es un hormigueo en la panza, rememorar lo que uno sintió en la semana del 2000. Mi familia por lo general me manda algún mensajito, reviviendo todos los momentos muy fuertes que pasaron en ese año. Hoy me toca estar en otro papel, trabajando como entrenadora y siendo mamá a full todos los días. Por ahí estoy un poco afuera del circuito profesional porque no tengo tiempo para ver partidos, pero siempre que puedo los miro por internet. Pero sí, la sensación que tuve fue muy fuerte y revivir la final, una de mis primeras experiencias muy fuertes a nivel emotivas. Cada año se disfruta mucho.

Ese partido se suspendió varias veces, ¿Cómo manejaste esa presión?

Si, sobre todo a esa edad donde es todo muy nuevo. Había terminado la final de dobles masculino, con mucha gente en el estadio. Era mi segunda final en Grand Slam. Venía con mucha confianza pero se cortó el partido varias veces por lluvia. Había nervios, ansiedad, la incertidumbre de cómo se iba a manifestar esa final. Por suerte pude manejarlo medianamente bien y conseguir ese titulo tan importante para mí.

¿Cómo conviviste con las lesiones a lo largo de tu carrera?

Tuve tres lesiones importantes a lo largo de mi carrera. La primera fue en el 2004, que inició con una operación en el codo derecho. Fue difícil diagnosticarlo y perdí mucho tiempo en buscar una buena opción. La rehabilitación fue muy buena y nunca más me dolió el codo. Tuve otras dos lesiones en mi pie derecho, dos fracturas por estrés en dos huesos distintos que desencadenó en una operación en el hueso del talón. Ahí fue donde comenzó mi idea del retiro y sentir que no estaba al 100%. Me significó mucha tristeza y no lo pude manejar correctamente, y no disfrutaba el circuito en ese momento. Empezar de cero a los 26 años me costaba mucho. Sentí que el fuego sagrado que tenía para competir se iba apagando.

¿Qué factores te impidieron conseguir buenos resultados en profesionales?

Fueron varios factores. Con el correr de los años uno se va dando cuenta cuáles fueron los aciertos y algunas decisiones que no fueron las mejores. De todas maneras, las lesiones tuvieron que ver. Uno en la etapa amateur, estás compitiendo con chicos de tu misma edad y de repente pasás a competir con gente más grande que vos, que no te respetan y que te quieren ganar como sea. Me costó acomodarme en ese circuito profesional. Creo que me equivoqué en los torneos a donde fui apuntando mi carrera. De ganar Futures y Challengers a mis comienzos y al año siguiente, tras terminar en el uno del mundo, tuve la suerte de firmar un contrato muy importante y aparecieron wildcars en los torneos más importantes, empezar a competir a nivel WTA cuando todavía no estaba preparada.

¿Qué sensaciones te generó representar a Argentina?

Representar a Argentina es totalmente diferente, como así también lo es en Fed Cup y Juegos Olímpicos. Tuve la suerte de poder representar al país en ambas cosas y yo siempre estuve dispuesta a jugarlas siempre y cuando no estuviera con un riesgo de lesión. Lo hice por amor al país y a la camiseta. Me encantó la experiencia, más allá que en mi opinión es muy duro contar con esa responsabilidad. Desfilar en la antorcha olímpica con todos los argentinos es un recuerdo que no me voy a olvidar nunca más.

Cuando te retiraste habías declarado que estabas enojada con el tenis. ¿Te has podido amigar nuevamente?

Cuando me retiré no quería saber nada, ni ver una raqueta. Estaba muy enojada y desilusionada por una lesión importante cuando estaba en mi mejor ranking. Tuve que operarme y empezar de cero con un ranking 900. Después de cuatro años surgió una posibilidad en San Francisco, Córdoba, mi ciudad, para empezar como profesora. Era una cuenta pendiente y pensé que era una linda oportunidad de enseñarle a los más chicos, a los menores. Arranqué tres veces por semana con un nivel inicial y ahora estoy como directora en una escuela de tenis que tiene más de 130 alumnos, compitiendo en distintos niveles.  Yo estoy encargada en el área de competición. La docencia no es nada que ver a jugar pero es interesante y está muy bueno.

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