Mañana empieza el US Open. Más allá de que comenzó hace ya algunos días con la clasificación, la acción que realmente capta la atención de todos durante dos semanas tiene su inicio mañana. Ya vivimos los otros tres Grand Slams. Ya pasó más de la mitad de la exigente temporada. Pero el 2017 nos guarda todavía un torneo grande más, en Estados Unidos, sobre cemento y con muchos condimentos que le dan un sabor especial a este plato.

Pero también nos presenta una incógnita, la misma incógnita que nos presenta cada torneo antes de arrancar: ¿Quién será el campeón?. Dejando de lado la tan habitual futurología, resulta imposible dar una respuesta a esta pregunta. Aunque lo que si podemos hacer es un análisis de los posibles candidatos teniendo en cuenta sus pergaminos y su presente, con un lógico párrafo aparte para los argentinos.

Roger Federer aparece como uno de estos posibles candidatos. Al suizo lo avalan sus cinco títulos en Nueva York, ser el más ganador de torneos de Grand Slams y haberse consagrado en el Australian Open y en Wimbledon este año. Sin embargo, tiene un punto en contra difícil de saltear: en la final del Masters 1000 de Montreal sintió dolores en su espalda que le impidieron jugar en plenitud física y fueron determinantes para su baja en el Masters 1000 de Cincinnati.

El histórico y actual rival del oriundo de Basilea fue, es y será Rafael Nadal. El español alcanzó la cima del ranking el lunes pasado y no quiere bajarse. Este año recuperó el nivel y esa voracidad tan característica en él que parecía haber perdido en 2016 para obtener, además del más alto escalafón, su décimo Roland Garros. Con un estilo de juego mucho más agresivo al que solía tener, el nacido en Mallorca debe evitar repetir las eliminaciones en octavos de Montreal y en cuartos de Cincinnati si quiere llegar al partido decisivo.

Con las resonantes bajas de Andy Murray, Novak Djokovic, Stanislas Wawrinka (campeones en anteriores ediciones) y Kei Nishikori (finalista en 2014), la puerta hacia la gloria en Estados Unidos parece abrirse para varios. Uno de ellos es Alexander Zverev. El alemán de 20 años está demostrando porque es considerado uno de los líderes de la Next Gen del tenis mundial. Cinco títulos en esta temporada, incluida la consagración en Montreal ante Federer, convierten su presente en una credencial suficiente para llegar lejos en este US Open. El segundo en esta lista de aspirantes es Dominic Thiem, quien a pesar de haber cosechado un solo título en 2017 es un hueso duro de roer en partidos largos y sabe lo que es ganarles tanto a Federer como a Nadal. Y el último, pero no por eso menos importante, que asoma es Grigor Dimitrov. El búlgaro es uno de los de mejor presente. Con ya 26 años obtuvo su primer M1000 en Cincinnati, trepó dos escalones para meterse en el Top 10 y llena sobradamente el formulario de postulantes.

Poniendo el foco de atención en nuestros representantes no parece vislumbrarse que alguno pueda estar a la altura de los anteriormente mencionados. Polarizando casi exclusivamente la cuestión, aparecen por un lado Juan Martín Del Potro y por el otro Diego Schwartzman. El tandilense tiene el trofeo de 2009 en sus vitrinas que lo ponen desde ese entonces como la mayor esperanza argentina en Flushing Meadows, mientras que El Peque viene acumulando muy buenas actuaciones en las últimas semanas. Si Del Potro logra consistencia en su juego, muy interrumpido por sucesivas lesiones, y Schwartzman mantiene el nivel ambos cuentan con la chance de dar algún batacazo y meterse en la pelea.

No sabemos quién ganará. Eso es algo que en la previa todos tenemos claro. Pero lo que si sabemos con certeza es que este último grande posee las suficientes cartas sobre la mesa para ser una gran atracción para todos los amantes del tenis.

Foto: USTA – Darren Carroll

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