Juan Bautista Segonds​, ex coach holístico del equipo argentino campeón de Copa Davis, dialogó con Ventaja Radio y remarcó la unión del grupo para conseguir la primera ensaladera en la historia de Argentina, además de sus inicios en la Asociación Argentina de Tenis.


¿De qué manera te acercaste al tenis?

Fue un poco causal. Un amigo que tenemos en común con Daniel Orsanic que se llama Daniel Montero me invitó a ver una final de polo en Hurlingham y justo en esa final estaba también Armando Cervone, presidente de la AAT, que a la semana siguiente lo nombró a Orsanic como capitán. Lo primero que quería trabajar Daniel Orsanic son los valores de este deporte. Ese es mi trabajo, transformar un grupo de personas en un equipo y hacerles entrenar los valores universales. Así que nos juntamos con Dani (Orsanic) en diciembre de 2014 y ya en enero de 2015 estábamos trabajando en un proyecto que se llamó Valores, que englobaba desde los chicos de 12 años hasta los 18 años y también para el equipo nacional de Copa Davis con el objetivo de crear cinco reglas de oro, las cuales nos iban a regir para que tuviéramos un comportamiento uniforme en todo el tenis argentino y también lograr que un grupo de personas se transforme en un equipo. Esa es mi especialidad. De hecho ahora acabo de sacar un libro que se llama Cómo transformar un grupo en un equipo. Así que trabajamos desde el 2015 hasta diciembre de 2016 donde terminé mi participación en la Asociación Argentina de Tenis y también en el equipo nacional de Copa Davis después de la serie en Croacia donde ganamos por primera vez en la historia.

¿La victoria en esa final significó el punto más alto o independientemente del resultado sentían que el trabajo ya estaba realizado?

El trabajo que se hizo ya se había hecho y el resultado no hubiese cambiado nada porque nosotros no tuvimos como objetivo ganar la Copa Davis. Yo creo que eso fue una consecuencia de un trabajo fuerte que hicimos, de haber logrado nuestro mejor potencial, nuestra mejor versión. Tengamos en cuenta que ganamos por primera vez en la historia la Copa Davis habiendo jugado cuatro series de visitante y habiendo tenido nuestro mejor jugador rankeado en todas las series como 38° del mundo. Nunca en la historia de la Davis había llegado un equipo a la final sin tener por lo menos dos jugadores dentro del Top 10 o dentro del Top 20. Nosotros llegamos con nuestro mejor jugador 38 del mundo y con cuatro series de visitante con lo que implica la localía en el tenis. Ganamos por primera vez la Copa Davis y vuelvo a decir que no era un objetivo sino que fue una consecuencia de un trabajo profundo que llevamos a todo el tenis argentino con reglas de oro que tenían que ver con dejar los lugares en mejores condiciones o iguales de los que lo habíamos encontrado. Y así, cada vez que usábamos un vestuario lo limpiábamos. Cuando ganamos la semifinal en Glasgow y después de festejar trajimos pala de piso, escobas, trapos y estuvimos limpiando el vestuario media hora todos los jugadores y el cuerpo técnico. Tenemos testimonios que la jefa de seguridad del Glasgow Arena nos dice que nunca en la historia del estadio pasó algo como lo que habíamos hecho nosotros. Nosotros trabajamos sobre sacar nuestro mejor versión, sobre saber que el otro era una posibilidad y no una amenaza y sobre lograr sinergia, que es cuando uno más uno se transforma en tres o en cuatro. Trabajar sobre la confianza, abrir el corazón y hay que llevar adelante una serie de de trabajos en equipo que lograron que realmente fuéramos un equipo y como consecuencia los resultados que vinieron.

¿Cómo encaraste al equipo para que ellos empiecen a llevar adelante estas ideas, estos valores?

El que tenía esta idea de entrada era Daniel Orsanic. Yo lo que hice fue llevarle todas las herramientas y todo mi conocimiento de este programa “Valores” donde claramente hay muchas cosas del rugby. El rugby es mi plataforma. Así como los All Blacks también limpian el vestuario esa fue una de las reglas que impusimos que sacamos de ellos, del libro “Legado”, pero también creamos la humildad. O sea, con los chicos el lunes anterior a la serie con Serbia por ejemplo hicimos un asado para 43 personas, entre las cuales estaba la gente de administración, de limpieza, los ball boys, los ayudantes, los que nos atendían todos los días porque ellos eran muy importantes para nosotros. Entonces los mozos de esa noche fueron los jugadores y el capitán. Les sirvieron a los chicos sin sentarse en toda la noche. Estos chicos que generalmente nunca le habían pedido un autógrafo a ninguno de los jugadores porque no se animaban y estaban siendo atendidos por ellos. Trabajar la humildad, la sencillez, la importancia de todo para con todos. Fue todo un camino y un proceso de buscar nuestra mejor versión. Creo que de uno no depende el resultado, el resultado es una consecuencia. De uno depende ser su mejor versión y a partir de ahí si eso alcanza para tener más puntaje que otro bueno. Pero el resultado no puede ser un objetivo sino que es una consecuencia. Esas son mis creencias por lo menos.

¿Cuánto te inspiró la historia de Nelson Mandela y la utilización del rugby para unir a una nación como Sudáfrica?

Para mí Mandela es mi gran referente. De hecho en la fundación tenemos este año una comedia musical que es la historia de la vida de Nelson Mandela. Y John Carlin que fue quien escribió el libro “El factor humano” con el que se hizo la película “Invictus” es un gran amigo. Nosotros le hicimos un tributo a Nelson Mandela en la cárcel donde estuvo preso. Dormimos una noche en las celdas donde ellos estuvieron presos y jugamos un partido homenaje en vida a Nelson Mandela en Robben Island. Y de hecho tanto nos inspiró que la frase que envolvió al equipo, que la armamos con Dani Orsanic era la frase de “Un equipo, un país, un sueño” que fue la misma que puso Mandela. Cuando un seleccionado nacional juega se genera un efecto que se llama mente unificada, sobre todo cuando juega el seleccionado argentino de fútbol. En esa instancia todos estamos pensando lo mismo. Si hoy hiciéramos una encuesta sobre en qué estamos pensando los argentinos en 1000 personas te dan 900 cosas distintas. Ahora si estás jugando la final de la Copa del Mundo de fútbol hacés una encuesta y 990 te dicen que están pensando en la Copa del Mundo. Entonces cuando se genera ese efecto de mente unificada todos vibramos en la misma energía y en la misma emoción. Y desde la cancha uno puede sanar a su país. ¿Qué hizo Mandela en 1995? Reconoció a los blancos, se puso la camiseta de Francois Piennar, de los boers, de sus archienemigos reconociendo que eran lo mismo y Piennar cuando recibe la copa de manos de Mandela le da un abrazo y le dice: “Señor Presidente, gracias por todo lo que está haciendo por nuestro país”. Y eso que sucede dentro del campo de juego lo viven los 43 millones de sudafricanos y se logró sanar una herida tan profunda como una guerra racial de tanto tiempo. Entonces nosotros creímos que desde la cancha, desde el juego podíamos aportarle a nuestro país para que tuviera encuentro, para que tuviera inspiración y para que pudiera sanar esta herida que nos está dividiendo hoy. Yo creo que recibimos asistencia de algún plano que estaba entendiendo que el mensaje que queríamos dar era positivo para nuestro país.

¿Cómo fue el encuentro con el Papa Francisco?

Tuve la bendición de estar con Benedicto XVI y también de estar varias veces con el Papa Francisco y son encuentros increíbles. Son seres de luz, muy conectados y cuando tenés esa bendición de estar ahí cara a cara con ellos y hablando de algún que otro tema realmente es un gran privilegio, es una gran bendición. Yo creo que Francisco hoy es un gran capitán. No soy religioso, no tengo ninguna religión pero entiendo que es uno de los nuevos líderes, que son humildes, que son cercanos, que están cambiando y haciendo cosas concretas todos los días, yendo hacia el horizonte que queremos ver. Y nosotros tenemos la bendición de tener el apoyo de Francisco en todas las acciones que hacemos. De hecho el partido que hicimos entre los veteranos británicos y argentinos el 21 de septiembre de 2015 en Londres, él fue el que hizo el primer pase de ese partido. Para nosotros es un honor, un privilegio tener un aliado como Francisco en todos los proyectos y propuestas que uno le lleva porque creo que a veces cometemos el error de ir a decirle a Francisco lo mal que están las cosas, como si él no lo supiera. Pero no podemos pretender que él se ocupe de temas que tenemos que ocuparnos nosotros y a lo sumo pedirle el aval o el apoyo para lo que vamos a hacer. Para mí es una gran bendición conocerlo a Francisco, conocerlo a Benedicto XVI y a tantos líderes sociales del mundo que me inspiran y que me motivan todos los días a liderar “Un metro cuadrado” y a construir desde el ejemplo. Al menos eso es lo que me pasa en el día a día.

En la final de Juan Martín Del Potro y Marin Cilic, después del 2 a 0 en sets abajo ¿tuviste alguna participación con el tandilense en ese partido tan importante?

En ese momento por supuesto no. Los chicos tienen ya su rutina y en ese momento solamente lo que tenés que hacer es alentarlos y conectarlos con la posibilidad y no con la amenaza. Delpo cuando va perdiendo 2-0 tiene una “i griega” muy grande, que una pata de ella la lleva a perder su tercera final del mundo y a estar en boca de los pocos argentinos que lo iban a matar con el mensaje que tienen algunos exitistas de “pecho frío” y demás. Esa era una posibilidad. La otra posibilidad era dar vuelta el partido y ganar la Copa Davis por primera vez en la historia. Uno es la amenaza y lo otro es la posibilidad. Desde el banco todos estábamos alineados y si él nos miraba o teníamos la posibilidad le decíamos: “Sos Juan Martín Del Potro y lo vas a hacer”. Conectarlo con la posibilidad y no con la amenaza. Porque si había uno en el banco que lo miraba de reojo y decía: “Uh, otra vez vos nos dejás afuera” ya está. Eso era un peligro. Y el ser humano tiene dos estados. Tiene el estado de defensa y el estado creativo. Si vos te ponés en estado de defensa tus movimientos son torpes, son limitados. Sin embargo él perdiendo 2-0 tiró una gran willy que dio vuelta el partido y Del Potro es Del Potro, hace cosas que solamente él las puede hacer así que mi trabajo siempre consistió en la previa de la competencia, en lograr que todo estuviera alineado, que todo estuviera enfocado desde la emoción, desde la energía, desde el pensamiento, desde el comportamiento y para poder empoderarnos como equipo y hacer cosas como las que hicieron los chicos. Porque Juan Martín hizo cosas increíbles pero también las hizo el Yacaré Mayer, las hizo Fede Delbonis, las hizo Guido Pella, Charly Berlocq. Todos los que fueron jugando las series ese año hicieron cosas que fueron maravillosas. Así que fue un trabajo de mucho esfuerzo, de mucha preparación pero llegó un momento que ya las cosas estaban hechas. En ese momento uno no tiene que intervenir a no ser que el jugador lo pida.

¿Qué creés que es lo más importante en la formación de un chico de entre 12 y 18 años?

Para mí uno es dentro de la cancha como es en la vida. Y el trabajo holístico tiene que ver con que nos preparemos antes de la competencia. Yo les recomiendo a los tenistas y a los deportistas en general que hagan lo que se llama la barra de empoderamiento, que tiene que ver con todas las mañanas y todas las veces que pueda en el día hacer yoga 10/15 minutos, hacer una meditación de 10 minutos y estar en estado de gratitud. El tenista no entrena la gratitud. Eso significa hacer listados de cosas por las que están agradecidos en el día de hoy, tener la posibilidad de estar atentos a todos los que asisten y agradecerles porque el estado de gratitud te pone en estado de plenitud y de movimientos que son armónicos. Te sentís que estás en armonía con el todo. Lo que vos no tenés en la vida no lo podés llevar a la cancha. Y generalmente en la cancha llega un momento, un estado de estrés, un pico de tensión donde salta el comportamiento que tenés en tu vida. Entonces hay que entrenar el equilibrio, la armonía, la superación, la actitud. Y todo eso es un trabajo holístico desde ver qué pasa por tu cabeza, qué pasa por tus emociones, cómo vibrás, qué energía tenés, si creés que tenés un ser espiritual o no, si tenés un propósito que te trasciende, que va más allá del resultado. Todos pequeños detalles que a la hora de la competencia marcan una gran diferencia. Yo les recomiendo que lean el libro “Como transformar un grupo en un equipo” y ahí tienen herramientas de cómo trabajar sobre nuestros cinco cuerpos y de cómo poder conectar con nuestra mejor versión.

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