Recién arribado al país tras alcanzar octavos de final en el segundo Grand Slam del año, el cordobés contó sus sensaciones respecto a su presente y su historia de vida.

Juan Ignacio Londero camina con una notoria cara de somnolencia por los rincones del Racket Club de Buenos Aires. No sorprende el cansancio en este jugador cordobés de 25 años, que acaba de aterrizar hace apenas horas de ese sueño del que no parece haber despertado aún. “Estoy empezando a caer recién hoy de todo lo que fue la semana, aunque me pasó un poco también ayer en París; volamos y hoy recién me encuentro con la realidad. Estoy muy pero muy feliz”. Frente a Ventaja Tenis, el “Topo” contó esa historia, su historia de vida y superación.

 

-¿Pudiste disfrutar de Roland Garros?

-Disfruté el torneo, solo que estaba en “modo torneo” por decirlo así, con la cabeza 100% concentrado en eso. Muchas noches me quedaba en el departamento y no salía a comer para poder estar descansando, si me tenía que quedar en el club para hacer la recuperación lo hacía. Si tenía que irme a las ocho del club lo hacía, no me iba temprano para recorrer. Disfruté Roland Garros, no de París como ciudad.

Como en todo nuevo desafío, los nervios están al mismo nivel de las expectativas. En su primer torneo grande, Londero debió afrontar un duro partido en primera ronda frente al georgiano Nikoloz Basilashvili (16° favorito). “Estaba bastante nervioso –rememora-. En el primer game erré todas las devoluciones, pero gané  6-4 y todo se me hizo muy normal, como si lo hubiera jugado 10 veces. Contra Gasquet entré pensando que había jugado todos los días, contra Moutet fui a batallar”, aseguró Londero.

Más allá de la derrota por 6-2, 6-3 y 6-3, el nacido en Jesús María tomó su partido frente a Nadal como la mejor forma de coronar su enorme actuación. Bien supo semblantearlo el argentino: “Nadal fue la frutilla del postre. Es como que dijeron ´bueno, tenés este el premio que es jugar con Nadal en la Phillipe Chatrier´, por eso digo que yo siento que salí campeón de Roland Garros”.

Más allá de la trascendencia que tomó por tratarse de un torneo major, el gran despegue de este tenista se dio a principios de este año, nada más y nada menos que en su Córdoba natal. Allí, mediante un wild card y sin siquiera haber ganado un solo partido ATP, se llevó el título venciendo a Guido Pella en la final.

Al recordar el torneo ganado en casa, cambia su semblante, y recuerda lo sucedido con mucha emoción. “Ganar Córdoba fue un salto grande en mi carrera. Estaba 115° cuando gane y me fui a 70° del mundo. Uno por ahí lo ve, piensa y dice “no subió tanto por haber ganado un ATP”, pero a mí me hizo entrar a la gira previa, a Roland Garros y a Wimbledon. Llegué muy bien preparado así que fue un salto económico, profesional, y fue bueno que haya sido a principio de año para seguir creyendo en mí”, sostuvo.

-¿Qué balance hacés de esta gira?

-Cuando empecé en Marrakech, gracias a la plata de Córdoba pude viajar con mi preparador físico. Pasé la clasificación de Montecarlo, ronda en Marrakech y en Munich por lo cual fueron giras positivas pero me quedé con ganas de mucho más porque quería agarrar esto con todo; haber invertido en llevar a mi equipo de trabajo fue clave para cómo llegué a Roland Garros.

Una de las características de la vida del tenista son los viajes por todo el mundo. Diferentes países, muchos bolsos con raquetas, indumentaria y demás artículos indispensables. Pero Juan Ignacio viaja con dos objetos muy particulares: una licuadora y una balanza. ¿Por qué? Así lo explicó: “Mi preparador físico me dijo “nuestro problema es siempre el peso” porque tenemos que competir con 70kilos. Vamos a ir con una licuadora y una balanza para pesarnos todos los días. Así que empezamos de esa manera y me ordené mucho más. Sabía que a la noche tenía que dar con el “pesaje oficial”, y si  no lo daba nos bajoneábamos mal porque estábamos muy compenetrados los dos”.

-¿Cuál fue el  punto de inflexión en tu carrera?

-Creo que a mediados de 2017. Cuando me había quedado sin ayuda económica empecé a pensar en trabajar en México para sumar plata, no estaba bien de ranking, mi entrenador también estaba con Rogerio Dutra Silva que estaba 60° y yo 350° por lo que nunca coincidíamos en los calendarios. No me estaba yendo bien y dije “ya está, no tengo nada, estoy a punto de cumplir 24 años, ¿Qué voy a hacer?”. Entonces fui a Córdoba a descansar y dije “voy con todo lo que tengo” y le metí hasta fin de año al 100% en todo sin saltearme nada. Terminé bien ese año y fue un click porque estuve en el fondo del mar y supe salir.

-¿En qué sentidos creés que sos más profesional ahora?

-Dejé de darle bola a cosas externas como estar todo el  tiempo con el teléfono, por ejemplo. Me dije a mí mismo “bueno, viejo, vamos a dejar de tener estas distracciones y vamos a meterle al 100% para estar dedicado al tenis y ahí eliminé todas esas cosas”. Después de terminar mi última relación me propuse hacer cosas por y para mí mismo que creo fue un gran cambio.

“Tengo objetivos a plazo corto como poder entrar al top 50, creo que quedo bastante cerca de ahí y después empezar a ver”, desliza para concluir el Topo, con su notoria tonada cordobesa y ese andar tan cansino que no coincide con el fuego interno que posee a la hora de competir y ejecutar sus portentosos tiros. Ya se cayó, se tropezó, y pudo ponerse de pie. Todo hace parecer que para Juan Ignacio Londero, lo mejor está por venir.

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